La tecnología al servicio de la educación

Profesionalmente, llevo más de 15 años dedicándome a la docencia pero el año pasado supuso un punto y aparte, por las razones sanitarias que todos conocemos.

Siempre había hecho clases presenciales y, en cuestión de horas, tuve que ponerme al día con la tecnología. No es lo mismo usar aulas virtuales o aplicaciones como Kahoot, que tener que explicar la teoría a través de una pantalla.

Así que, al igual que todos los docentes de este país, empecé a investigar a un ritmo forzado. Recuerdo que, para explicar la teoría, usaba el Word o el Paint. Que a veces ni compartía pantalla y dictaba. Que para corregir análisis de oraciones les pedía que me subieran un foto al aula virtual o me la pasaran por Whatsapp. Reconozco que al principio fue un poco caótico y agobiante. Además, me agotaba pasar tantas horas sentada frente una pantalla.

Pero poquito a poco, todo se fue estabilizando. Empecé a usar pizarras virtuales, a utilizar diferentes plataformas que me permitían adaptarme a las necesidades de mis alumnos,… Empecé a pillarle el truquillo, vamos. Y las clases, cada vez salían mejor.

Entonces, me dí cuenta de tooooodo lo que había aprendido en tan poco tiempo y del fascinante mundo tecnológico aplicado a la educación. Uno de mis mayores descubrimientos, fue la existencia de una tableta que me permitía escribir ¡como si de una pizarra se tratase! Desde ese momento, se ha convertido en una compañera inseparable para dar clase.

Por supuesto, me quedan muchísimas cosas por aprender e investigar, pero no puedo negar que en este último año he aprendido mucho sobre otras formas de dar clase, formas que permiten que mis alumnos puedan seguir las sesiones sin problemas, que las clases (a pesar de ser virtuales) sean dinámicas y que los resultados sean un gran éxito.

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