Lo que más me gusta (y me ha sorprendido) de dar clases online

Si habéis leído el apartado “Sobre mí” sabréis que me dedico a la docencia desde hace muuuchos años y que la pandemia me “obligó” a adaptarme y a dar el salto a las clases online (como a todo el sector educativo, vamos).

Siendo sincera, tengo que decir que las primeras semanas se me hicieron muy pesadas: había que adaptar toooooodo el material al mundo online, tener el contacto de toooodos los alumnos para poder realizar las video-llamadas, resolver dudas (propias, de los alumnos, de otros profesores) sobre cómo afrontar lo que se nos venía encima,…

Además, el hecho de pasarme tantas horas sentada, de los problemas de conexión (esos en los que tú hablas pero no te oyen o esos en los que los alumnos “desaparecen” y vuelven cuando ya has resuelto una duda y tienes que volver a empezar,…), de no tener una pizarra y un rotulador… era algo que me agobiaba un poco.

Pero con el paso de los días, todo empezó a fluir. Podía resolver cualquier incidencia técnica, mejoré mis tiempos de corrección (jajaja), podía compartir información al instante, no tenía que imprimir hojas y hojas,…

Y, aunque parezca contradictorio, todo se volvió un poco más humano. Todos estábamos en nuestras casas y compartíamos nuestras vidas. Había alumnos que me enseñaban sus mascotas (o pasaban delante de la pantalla, tan tranquilamente), había alumnos que se silenciaban porque el vecino de turno había puesto música a todo volumen o porque se oían discusiones. Había padres despistados que se ponían a hablar con sus hijos y estos ponían cara de indignados y les decían malhumorados que estaban haciendo clase. Un sinfín de anécdotas que lo hacían más llevadero y que me llevaban a conocer más a esas personitas a las que daba clase.

Y eso fue lo que me atrapó: la confianza que se creaba entre mis alumnos y yo era un vínculo que no se había creado antes (o por lo menos, no con la misma fuerza). Quizá fuera por el hecho de estar cada uno en su casa, en su zona de confort (recuerdo alumnos haciendo clase en pijama, recién levantados,… o tomando un café) pero esa fue una de las razones que me hicieron dar el salto definitivo a las clases online.

Después de todos estos meses, puedo afirmar que trabajar de este modo no deja de sorprenderme. Y que lo que más me gusta (a parte de la confianza que se genera) es poder dar clase a alumnos que viven lejos de mi ciudad, comentar nuestras costumbres, nuestras festividades, y más!

En definitiva, las clases online me han ofrecido una ventana al mundo que se ha convertido en una forma de transmitir conocimientos pero también de enriquecerme como persona.

Photo by Julia M Cameron on Pexels.com
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